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viernes, 24 de marzo de 2017

CLARABIDE INVERNAL




 

 Pasado el día de reyes, me voy tres días al pirineo. De nuevo y después de tantos años, el reencuentro con aquella actividad que tanto me cautivo en la década de los noventa; tresmiles acompañados por mi sombra, es decir, SOLO. De nuevo conducir solo por la autovía mudéjar, dejando de lado Teruel, Calamocha, Cariñena, Zaragoza… acompañado por la música que llena el espacio de un punto a otro, Montanejos – Benasque. De nuevo parar y almorzar, echar gas-oil y otra vez en carretera; de nuevo el angosto paso del Ventamillo, esta vez con sus carámbanos de hielo desafiando la ley de Newton y una vez en Benasque, que recuerdos… compra de última hora, prepararse algo para comer y montar el macuto.
De nuevo en el aparcamiento de la entrada al Valle de Estós, aunque en esta ocasión es diferente; son las cinco de la tarde y estamos a 7 de enero. Me pongo en marcha y en los primeros compases me cruzo con gente que baja, y me pregunto ¿qué pensarán a donde voy, la hora que es? Pero en la montaña, cada uno tiene sus pensamientos y preguntas, yo solo sé, que me dirijo al refugio de Estós. El camino empieza a cubrirse cada vez más de tramos helados, aun así no me calzo los crampones; iré esquivando en la medida de lo posible. La claridad de una tarde languidecente, ha dado paso a la oscuridad, aun así no enciendo la frontal y agudizo la vista cual animal nocturno. El rugido de la Cascada de Gorges Galantes, me anuncia que ya estoy cerca de la Cabaña del Turmo y desde aquí la nieve helada ya muestra una alfombra continua.

Una tarde de principios de enero, en la entrada del Valle de Estós.
El camino helado, el leit-motiv hasta el refugio.
 
Llegada al refugio en la negra noche.
Superada unas zetas veo la luz que anuncia la calidez del refugio, es una sensación casi nueva para mí y me hace sentir a gusto; es como el faro de un puerto donde tienes que atracar. Pienso en Jorge y Alicia que están ahí dentro y que no saben que estoy llegando. Cuando llego a la terraza, el guarda sale a mi encuentro y le pregunto si hay una pareja; me dice que sí. ¡Sorpresa! Vaya Javi, ya no contábamos contigo! Durante la cena me intentan convencer para ir con ellos hacia el Pico de los Veteranos; me cuesta renunciar, pero he marcado mi rumbo hacia el Gias y Clarabides.
Hace muchos años, concretamente un día marcado para la posteridad; 11- sep- 2001 (atentados torres gemelas New York) andaba o más bien volaba jeje, por el cresterío Veteranos- Bardamina. Tiempos pasados, tiempos presentes; ni mejores ni peores, diferentes. Ahora me encuentro en un nuevo amanecer y tomando el pulso a las primeras cuestas del torrente de Clarabides.

Me enchufo música a los oídos y a ritmo de “run to the hills” llego hasta el ibón congelado de Gias. Breve parada y un par de mordiscos al pan de higo, a partir de ahora se puede decir que empieza la ascensión y cambia el ritmo “The boys are back in town” me impulsa hacia arriba por una cada vez más empinada rampa, que me conduce al collado cimero que separa el pico de Gías de su vecino Clarabides.

 
Amanece hacia el este, el valle aun se cubre de misterio.
Buenos días Pirineos!!
 
Fita de Gías 2834m
Inmediaciones del Ibón de Gías, al fondo Cap de la Baquo.
El Macizo de Gourgs Blancs.
El Ibón de Gías late bajo una coraza de nieve helada.
 
Subiendo hacia el collado que separa el Gías del Clarabide.
Desde este balcón privilegiado, saludo al poderoso Posets, hipnótica visión. Dejo la mochila y me encamino hacia el Gias, al principio por nieve, cuando llego a un tramo rocoso flanqueo hacia la derecha y trepo por un corto escalón rocoso, la roca muestra arañazos de los crampones; vamos por buen camino. Pero el siguiente tramo rocoso se endereza y los puntos de apoyo no me inspiran seguridad; retrocedo. Vuelvo donde inicie el flanqueo y tomo una canal de nieve, subo bien, pero a escasos diez metros de  alcanzar la cima, me doy la vuelta pienso que me estoy exponiendo demasiado, la inclinación será de unos 40º, la nieve está muy dura, unos segundos de pensamiento (la fuerza del sino) y me bajo.
Vuelvo al collado y me encamino hacia la cima del Clarabide Central; desde lo alto desparramo la vista hacia lo que me rodea. La inmediata línea fronteriza se dibuja con el Gourgs Blancs y el Seil Dera Baquo, al otro lado del valle el Bardamina y su maciza cresta, Pico d’es Corbets... pero de sobremanera y como ya he nombrado antes, el legendario Posets. Ahora me dirijo al Clarabide Oriental, un poco más bajo que el Central; dirijo la vista hacia los picos Camboué y Saint Said que son una prolongación del Macizo de Gourgs Blancs, para otra ocasión me digo.
Inicio el descenso sin alcanzar el collado y más abajo retomo mis huellas de subida. Este ha sido un bonito rencuentro con la soledad de los tresmiles en invierno.
A diez metros de la cumbre.
Panorámica detallada del Macizo de Posets.




 En primer término Clarabide Central y un poco más abajo el Occidental, al fondo Posets.
Durante la bajada me encuentro con formas producidas por el viento; parecen pequeñas olas.
Inicio el regreso dejando a mi espalda la piramidal geometría del pico Montidiego.



 
 
 

 

 

10 comentarios:

  1. Hola Javi,

    Vaya una gozada ver tales moles cubiertas de nieve, que lástima que al final no pudiera acompañarte.
    Como bien has demostrado, en la montaña hay que saber cuando dar un paso atrás, que esa puede significar la diferencia entre volver sano a casa, o en el pero de los casos, no volver.
    A ver si para tu próxima aventura por Pirineos me puedo escapar.

    Un abrazo.

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    1. Hola David

      Pues como dices, a ver si en otra incursión pirenaica podemos coincidir.
      Hay que valorar la dificultad, y si no se esta 100% seguro, pues media vuelta.

      Salud

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  2. Mejor tener cabeza que bajar sin cabeza

    Enhorabuena!!

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  3. Hola Javi.

    Bonito relato de esta escapada invernal y solitaria a Pirineos. Autovía Múdejar, un colega mío la llama "la carretera que nos aproxima a los sueños", no, en este caso no sería apropiado escuchar en el CD del coche a Bon Scott berreando "Highway to Hell".
    Hiciste bien en no arriesgar en el tramo final del Gias, y más yendo solo. Una travesía nocturna a Estós, una noche en el refugio con colegas, los dos Clarabide, disfrutar en solitario de la Montaña ya fue un botín excelente.

    Up the Irons!!!

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    1. Hello Dani!!

      Si, la verdad que aún no subiendo el Gias, el resultado de la excursión fue espléndido,con todos esos ingredientes que has nombrado ya disfrute la gana.
      Y bueno, si nos es apropiado Highway to hell, pues ponemos el Turbo de los Priets, jeje

      Salud y monte

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  4. ¡Hola Javi! Interesante narración de una bonita y solitaria escapada a Pirineos. Soledad y montaña son dos ingredientes de muchas rutas que las hacen únicas e inolvidables. De hecho, tú rememoras viejas hazañas y las recuerdas como si fuera ahora. Esos momentos de soledad y silencio no se olvidan sino que acrecientan el recuerdo una vez pasa el tiempo. Preciosa narración. Acertada decisión la de no llegar hasta arriba. Más vale perder diez metros de ascensión que la vida en diez metros.
    Un abrazo.

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    1. Hello Emilio!!

      Que razón tienes, soledad y silencio, hacen de estas ascensiones momentos inolvidables. Y como bien dices, la cima ahí esta para otra ocasión.

      Salud

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  5. Hola Javi.

    Tiempos pasados, tiempos presentes; ni mejores ni peores, diferentes. Toma ya!! Deberías ir pensando en aglutinar todas tus crónicas en un libro ;-)
    Trasmite tu crónica momentos muy buenos, como esa llegada nocturna al refugio, los viejos recuerdos, y esa sensatez insensata de decidir volverte atrás en una travesía invernal en solitario. Puede ser que estes cambiando la birra por el Faustino VII, Jejjeje

    Un abrazo.

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    1. Hola Toni

      Jajaja, pues no lo había pensado, pero quizás algún día me ponga manos al ordenador, jejeje.
      La birra tiene su momento y el Faustino VII el suyo, la cuestión es disfrutar de estos licores en parajes únicos.

      Salud y serranía.

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