Traductor

viernes, 30 de julio de 2021

ALTA RUTA SIERRA ESPADAN

 


Espadán es una gran sierra del Sistema Ibérico; se extiende paralela a su vecina Calderona y sigue en curso a los ríos Palancia y Mijares. Se mira en el espejo del mar y se perfuma de jaras, romeros y pinos de la variedad negral; aunque su seña de identidad más representativa es el alcornoque (quercus suber). Con esta breve presentación hago la introducción a la narración que sigue a continuación y que es una travesía que llevaba tiempo en la agenda y que este pasado invierno realice. Quizás no fuesen las mejores fechas (finales de enero) pero tenía muchas ganas y me lance a por ello.

La he denominado, A.R.S.E. (Alta Ruta Sierra Espadán) de esto nos vendrán a la memoria varias altas rutas; Gredos, Pirenaica, Sierra Nevada, etcc. aunque aquí la altura alcanzada dista mucho de las anteriores, el concepto es el mismo; la progresión por sus cordales enlazando varios picos por el camino. He procurado transitar en todo momento por la línea axial; me he apoyado sobre todo en el sendero de pequeño recorrido 63.6 y el resto enlazando caminos y otras sendas sin balizar.

A diferencia del conocido GR-36 TransEspadán, que va por las zonas bajas de la sierra y enlaza varias poblaciones, aquí no tocamos ningún pueblo, lo que nos obliga a una logística un poco más minuciosa. ¡Vamos!

Salgo del depósito de la Vilavella, población asentada al inicio de la sierra; un poste me indica la línea de trincheras y nido de ametralladoras que han acondicionado para su visita, sigo sus indicaciones hasta el primer escollo de relevancia; la Creu de Ferro. Desde aquí y siguiendo el cordal se levanta mi siguiente objetivo, el Pic Font de Cabres, primer pico relevante de la sierra por este lado. Dejado atrás la Creu de Ferro, el sendero baja hasta el Coll de Bledar donde una senda balizada baja hasta Vall de Uixó, me cruzo con dos chavales y charlo unos minutos con ellos, me despiden con un; ¡ánimo campeón!

Alcanzo la cima y veo lo que me queda por delante. Creo que al pico Espadán no llegaré hoy y mucho menos al Collado de la Nevera, donde escondí una botella de 1’5 litros de agua. Esto le va a dar el toque de emoción a esta ruta. Al bajar del Font de Cabres, tomo un camino que se une a una pista donde hallo las archiconocidas marcas de G.R. en este caso el 36, lo voy a seguir un buen trecho hasta pasado el Coll Roig, donde lo abandonaré y ya no lo volveré a tomar.

















Pasado el Puntal de L’Ereta la pista gira hacia la izquierda y de frente sale un sendero que se interna por un pinar, es la dirección a tomar. Todo este tramo y hasta llegar al mencionado collado, se me antoja de los más solitario de toda la travesía. Algunas sendas señalizadas, parece ser que por el ayuntamiento de Artana, descienden hacia esa población; en el Coll d’Artana viene la senda desde Alfondeguilla, algo más adelante otra senda desciende a una zona de minas, pero mi camino está claro.

Bajo por la descarnada senda del Coll Roig y tomo una ancha pista que me conduce al Coll de la Malladeta; mi esperanza de hallar con agua la Font del Bono orillada a la pista, se desvanece; solo un cansino y esporádico goteo fluye de su caño. En el mentado collado me concedo un descanso; prácticamente no he parado y acucia tomar algo de alimento. Una lata de atún con un bollito de pan y una mandarina, apaciguaran mi estómago hasta la cena, aún lejana.

Me pongo de nuevo en marcha y voy tomando en consideración la escasez de agua que porto encima; ahora mismo me queda un litro y no hay ninguna fuente en lo que me queda de ruta; por eso deje una botella escondida en el Collado de La Nevera, paso de la carretera entre Algimia de Almonacid y Alcudia de Veo, pero a ese punto no llego hoy; me espera un raciocinio del líquido elemento. Abandono la pista y tomo una senda que, tras remontar un pequeño monte me ofrece una buena vista del primer gigante a superar, el Puntal del Aljub. Pongo mi confianza en recoger agua de su aljibe o ver si en la vertiente norte queda alguna manchita de nieve, de la pasada borrasca Filomena.

La senda baja decidida hasta un camino que conecta con el Puerto de Eslida. Tomo la pista asfaltada que conduce al puesto de vigilancia forestal y conjunto de antenas; en poco más de 1 kilómetro llego al Collado del Pinaret, donde me encuentro con los senderos PR-CV 63.6 y PR-CV 352, este último, toma la pista y sin más te lleva a las antenas. Pues bien ni uno ni otro; un inapreciable rastro remonta el talud y se afianza una pequeña senda que va remontando monte arriba y me lleva al alto.

En la cochera está el coche del vigilante, lo que me puede ayudar a conseguir agua; pero lo primero que hago es buscar el aljibe,la portezuela está cerrada con candado, así que no me queda otra que pedir a la persona del puesto. La chica muy servicial, me rellena el botellín y me da otra pequeña botella ¡genial, mil gracias! Le comento mi travesía y abandono esta cima iniciando la andadura por el cordal donde se ubican las máximas alturas del núcleo duro de Espadán.

El sendero estrecho y de trazado audaz, marca una línea por en medio del cordal, una línea que ya no se abandona hasta traspuesto el monte denominado La Llastra, el último cerro significativo y donde el espinazo central de la sierra, muere.

Con la reserva de agua establecida, retomo de nuevo la andadura de cara a una tarde que ya tiene las horas contadas. Traspongo el Collado de Aín; por aquí se halla el Pinar de Retor, un conjunto de esbeltos pinos de la variedad negral. La senda me lleva un poco más adelante al Collado de Bellota, aquí hago una parada para valorar si quedarme a pasar la noche aquí, pues hay una pequeña explanada o continuar un tramo más. Son las 17:30, queda una hora de luz/claridad; decido continuar.

Toda esta zona denominada Ceja de Aín, al parecer sufrió un severo incendio en algún tiempo pasado, a la vista de toda la zona desprovista de arboleda. Traspongo el Collado de Mosquera, aquí se descuelga una senda que baja a la masía homónima, prosigo hasta otro collado a los pies del Cerro Gordo; aquí hago parada y fonda.

Una pequeña mancha de nieve persiste entre los matorrales, recojo un poco en una bolsa, esto me permitirá tener un extra de agua para asearme en plan gato, jeje. Con las ultimas claridades acondiciono el terreno y monto la tienda monoplaza que estreno esta misma noche, también coloco unas piedras haciendo una U para colocar el hornillo y cocinar.

La luna casi llena, me ilumina mientras me preparo la cena; una taza de caldo y a continuación menestra con panceta y huevo frito, que riego con una botellita de vino. Comparto unos minutos de contemplación antes de introducirme en la tienda; un repaso al mapa con el recorrido de mañana y a dormir.

Durante la cena y el rato que estado dentro ojeando el mapa, la quietud reinaba en el ambiente, sin embargo, se ha originado un viento que me ha despertado; de tanto en tanto la tela de la tienda bandea como si diera palmas, esta va ser la melodía durante un buen rato hasta que caigo cegado por el cansancio, mientras el viento sigue su curso.







Abro la cremallera, retiro la delgada tela, giro la cabeza hacia el este y pronuncio aquello de; “amanece que no es poco”. El viento prácticamente se ha disipado y unas pésimas nubes no logran enturbiar un espléndido nuevo día. ¡Así pues, desayunemos, desmontemos el chiringuito y pongámonos en marcha!

El Cerro Gordo, primer escollo del día, me ofrece una muy buena visión del conjunto central de toda Espadán, cercano, aunque ya algo lejano el Puntal del Aljub, separados del eje principal a un lado el rocoso Bellota y al otro el macizo Batalla y siguiendo la línea que tengo que recorrer, vienen los dos gigantes de la sierra; en primer plano el pico Espadán y separado por el Collado de la Nevera, el Rápita lo más alto de todo este singular sistema ibérico.

Bajando hacia el Collado de la íbola, me cruzo con un senderista y charlo unos minutos con él. Cruzo la carretera que proviene de Almedijar y se dirige hacia Ain, enseguida continuo por senda que va a recorrer la Solana de Espadán; aquí empieza el ascenso al emblemático pico. Paso junto al aljibe del Tío Carregal; este hubiese sido un buen sitio para vivaquear, aunque el agua no es del todo clara, al menos el lugar cuenta con un pequeño rellano. Atravieso una típica pedrera de rodeno y pronto la senda se descarna en acusado ascenso hasta ganar el cordal; sorteando carrascas y jóvenes alcornoques alcanzo la cima del Pic Espadán. Un afloramiento de rodeno constituye la cota cimera, donde hay una cruz de acero.

Abandono la cima por senda, que se interna en un precioso pinar que desciende hasta el Collado de la Nevera, en este tramo me cruzo con varios senderistas; con cuatro jubilados charlo unos minutos, cambiando impresiones sobre esta preciosa sierra. Al llegar al collado, recojo la botella de 1’5 litros que guarde y que como ya he comentado, en la práctica no ha sido el mejor sitio; mejor hubiese sido dejarla en el Puerto de Eslida o el Collado de la íbola.












Retomo la marcha tomando un camino que, a la altura del Corral de Torres se convierte en senda y de manera decidida asciende al monte La Almenarilla, también conocido como Las Dos Tetas, aquí encontramos vestigios de la Guerra Civil. Al frente, el gigante de la sierra donde culmina en altura este largo cordal; La Ràpita 1106 m.s.n.m.

Con paso cansino rebaso EL Alto de los Cubos, unas cotas secundarias que superan los mil metros y así entre carrascas llego a lo más alto; un amontonamiento de piedras y un viejísimo cartel anuncian la cota de La Rápita. Una excelsa panorámica se descubre hacia el este, de allá de donde vengo; es aquí donde aprecio lo magnifico de esta travesía y lo maravilloso de haberlo tenido al lado de casa.

Una mancha de nieve resiste agazapada en la cima, me sirve para refrescarme en un día bastante soleado. Son las 14:00 horas y me pongo a comer pensando ya en lo poco que me queda, tan solo me resta superar el escollo de La Llastra 1042 metros, pero supone poco desnivel. Abandonada La Ràpita, la senda desciende al inmediato Collado de los Refugios, entre apretados alcornoques y carrascas; aquí el cordal principal aún toma impulso hasta culminar en La Llastra, más allá va perdiendo poco a poco desnivel hasta verse finalizado a los pies del Barranco de Aguarroyo.

El Collado de los Refugios supone una encrucijada de sendas; la que cruza transversalmente la sierra es el Camino de Algimia a Villamalur, en el cercano Collado de Cuatro Caminos podríamos tomar caminos y sendas que nos llevarían a Suera y Alcudia de Veo y la que yo he ido siguiendo que arranca en Chóvar y termina en Algimia de Almonacid, con derivaciones Azuebar y Almedijar es el denominado PR-CV 63.6.

Una maraña de jóvenes carrascas velan por completo la visión del panorama que se pudiera tener de esta cumbre poco atractiva. Comienzo a descender por una empinadísima ladera que me deja en el Collado del Tajo, donde tomo la senda que se dirige a la Nevera del Carro; de construcción circular y sin techumbre, esta era la última nevera de la sierra en su extremo oeste.

El sendero deja paso a una pista que pasando junto a la Fuente del Carro y dejando a la espalda la sierra, me acerca entre olivos y almendros a la tranquila población de Matet. Aquí finaliza esta soberbia travesía, que me ha llevado a recorrer el espinazo principal se esta sierra tan querida en el ambiente excursionista castellonense y valenciano.












FICHA TÉCNICA

Sistema: Ibérico

Macizo: Sierra de Espadán

Inicio: Vilavella

Llegada: Matet

Distancia: 38,2 km

Horario: 12h 45’

Dificultad: baja/medía

Desnivel: 1637 +

Cartografía: Serra d’Espada El Tossal cartografies E: 1:30.000

Acceso: Llegados a la población, buscar la Cooperativa Agrícola Sant Josep y de allí coger la calle Sant Xotxin que conduce a la parte alta del pueblo, sin entrar en la población tomar el camino denominado Partida Castell y abandonarlo ante el próximo desvío a la izquierda que dando varias revueltas nos lleva al depósito de agua. De allí arranca la senda de las trincheras. También existe la posibilidad de tomar una escalinata que parte de la mentada calle Sant Xotxin.

Observaciones: Una travesía para conocer todo el espinazo principal de esta emblemática sierra. Transitamos por sendas y algo de pista, siempre enlazando los cordales principales y a diferencia del GR-36 no toca poblaciones, lo que dificultad el avituallamiento líquido. Se alcanzan varios picos y se puede acceder al Bellota desde su collado homónimo.

Si quisiéramos hacer la travesía más ligeros y sin equipo de pernocta, tenemos la posibilidad desde el Collado de la íbola, de descender a la población de Aín por el PR-63.6 y tomar alojamiento en el hotel Beniali. Para retomar la travesía, tomaríamos el SL-CV-27 que asciende a Penya Pastor y conecta con el PR-63.6.

Madrugando mucho (cosa que yo no hice) se puede realizar en el día, eligiendo también otra fecha a la que fui yo y también está la modalidad de correr, es decir el anglicismo: trail running tan en boga, lo que nos da otra posibilidad. Aunque yo elegí la que ya está en desuso y casi en vías de extinción.





2 comentarios:

  1. ¡Hola, Javi! Una preciosidad de ruta. Magnífica y enorme. enhorabuena por la hazaña. Siento una envidia sana que me lleva a apuntarla para, si no hay nada que lo impida, poder patear la sierra de esta manera. Fabulosa ruta y de nuevo la enhorabuena por tan magnífica ruta. Nos vemos por Montanejos.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si Emilio, es una preciosa travesía, que tenía tiempo mirada. Si tienes la posibilidad de hacerla, hazla, no te defraudará.
      Saludos.

      Eliminar